Y TÚ, ¿ CUÁNDO TE FORMAS TÚ?
Arrancamos el primer trimestre del curso 2026/2027 y los planes de formación del claustro ya están en marcha en casi todos los Colegios: ponentes cerrados, horas en el calendario, plataformas abiertas… Todo en orden. Hasta que en las sesiones con equipos directivos hago la pregunta que nunca aparece en el orden del día: ¿Y vosotros, en qué os estáis formando este año? Silencio. De esos que dicen mucho más que cualquier respuesta.
Seguro que estás pensando que exagero. Ojalá.
Hace ya ocho años publiqué en este mismo blog un artículo cuyo título escoció a más de uno: ¿Soy un DirecDivo analfabeto? Me llamaba entonces la atención que muchos profesores se estuvieran poniendo al día en metodologías, evaluación y tecnología educativa, mientras las direcciones escolares seguíamos, sobre todo, administrando.
Desde entonces ha llovido mucho. Una pandemia, la llegada de la IAG a las aulas, familias distintas, alumnos distintos, profesores MUY DISTINTOS…
Y la pregunta no ha caducado. Se ha agravado.
En mi libro El Nuevo Docente en la era de la IAG pedí a los profesores que se reinventaran ante ella. Hoy toca mirar la otra cara de la moneda. Con esta pregunta incómoda cierro un capítulo sobre formación del libro que tengo entre manos, y es la que más me interesa.
He visto muchos equipos directivos impulsar con entusiasmo la formación del claustro mientras ellos no se formaban en nada desde el día de su nombramiento. Y me he preguntado muchas veces si no vivimos una época de cierto analfabetismo directivo: profesores con fuertes componentes de cambio en sus aulas y direcciones escolares que siguen gestionando como hace veinte años.
EL RINOCERONTE QUE TENEMOS EN EL DESPACHO
Desde mi opinión, la realidad incómoda es esta: nuestros niveles de ignorancia para gestionar Proyectos Educativos de esta próxima década crecen tan exponencialmente como crece todo lo demás.
Como dice mi amigo Diego Vallejo, los profesores, los proyectos y la tecnología nos pueden estar pasando por la derecha y por la izquierda sin que lo notemos.

Y ahí está la trampa. Esto no se nota. No hay una alarma que salte el día en que tu claustro empieza a saber más que tú de lo que deberías saber tú. Se nota tarde, cuando tus mejores profesores dejan de traerte propuestas porque han entendido que no las vas a entender.
Lo he escrito muchas veces a propósito de la IAG: el rinoceronte gris no es el peligro que no vemos, sino el que vemos venir y dejamos que nos embista. La falta de formación directiva es, probablemente, nuestro rinoceronte gris más doméstico. Todos sabemos que está ahí. Casi nadie se aparta.
NO ES HUMILDAD. ES MANTENIMIENTO
Así que te propongo lo mismo que me propongo yo: una crítica sincera de nuestras propias habilidades, planes y dinámicas para dirigir un Colegio en los próximos años. No es un ejercicio de humildad. Es mantenimiento.
Igual que nadie llamaría humilde a quien pasa la revisión del coche, nadie debería ver como un gesto de modestia que un director se forme. Es lo mínimo que se le pide a quien conduce algo tan valioso como un Proyecto Educativo.
Y para que la crítica sea sincera de verdad, te dejo tres preguntas que me hago cada inicio de curso:
¿Qué sé hoy que no sabía hace dos cursos?
¿Qué decisiones sigo tomando con los criterios de hace diez años?
¿Quién de mi claustro sabe más que yo de algo que debería dominar yo?
Si la primera no tiene respuesta, tienes un problema. Si la tercera tiene muchas, tienes una oportunidad… siempre que tengas la honestidad de sentarte a aprender con esas personas.
Allá por 2018 escribí, hablando del directivo knowmad, que la fuga de talento directivo en educación no existía. Que había demasiada comodidad. Lo sigo pensando. La silla de dirección protege mucho y exige poco a quien no se exige a sí mismo.
Ojo, que tampoco vale cualquier cosa. El tapeo formativo que tanto criticamos en los claustros (una charla aquí, un congreso allá para hacerse la foto) también existe en los equipos directivos. Ya lo dije en El mito del director brillante: la disciplina se come al talento en el desayuno. Formarse no es un evento. Es un hábito. Y como cualquier formación que merezca ese nombre, solo se mide de una manera: por lo que cambia en tu forma de dirigir el lunes siguiente.
LA EJEMPLARIDAD NO SE PREDICA: SE NOTA
Hay además una razón de autoridad, que se suma a la razón de competencia.
Un claustro acepta con mucha más facilidad una exigencia de formación cuando ve que quien la plantea también está estudiando. No hace falta anunciarlo en el claustro de septiembre. Se ve. Se ve en las preguntas que haces, en los libros que tienes sobre la mesa y en la forma en que dejas de decir "esto siempre se ha hecho así".
La ejemplaridad no se predica: se nota.
Te cuento lo mío, que no siempre me deja en buen lugar. Yo empecé a formarme en serio en liderazgo escolar con cuarenta años, cuando ya llevaba tiempo dirigiendo centros. Es decir, llevaba años haciendo el trabajo antes de entender lo que estaba haciendo. Y hoy, con veinte años más, sigo el inicio de mi la tesis doctoral. No lo cuento para presumir. Lo cuento porque no se me ocurre ninguna autoridad moral para pedir a un profesor que se reinvente si yo no estoy dispuesto a hacerlo.
Kennedy dejó escrita una frase para el discurso que nunca llegó a pronunciar en Dallas: liderazgo y aprendizaje son indispensables el uno para el otro. En un Colegio, todavía más.
Así que un consejo práctico, el más sencillo de todos: reserva en el presupuesto una partida para la formación de tu propio Equipo Directivo, y defiéndela. Será la primera que te pidan recortar y la que menos conviene tocar, porque es la que multiplica todas las demás.
Y empieza por ti. Haz la cuenta, sin trampas: ¿cuándo fue la última vez que te sentaste a aprender algo que no te hubieran encargado? Porque hay una verdad sencilla que conviene tener delante cada septiembre:
Dos cursos seguidos sin formarte en nada es mucho tiempo para alguien que decide todos los días sobre qué deben formarse los demás.
MI CONCLUSIÓN
Pedimos a nuestros profesores que sean aprendices permanentes. Les hablamos de competencia digital, de IAG, de metodologías activas, de transferencia al aula…
Y está muy bien. Pero un Colegio no aprende más rápido de lo que aprende su dirección. Ese es el techo, y lo ponemos nosotros. Un director no se hace. Un director se está haciendo siempre.
Así que, querido director, querida directora, este domingo te devuelvo la pregunta, sin trampa ni cartón:
Y TÚ, ¿CUÁNDO TE FORMAS TÚ?
Nos vemos en las redes ¡¡¡
Sigueme en IG si quieres estar al dia de muchos temas que van surgiendo : @navalpotro2










Gracias por la pausa y el aprendizaje ❣️
Jose, siempre acertado en sus escritos!