DIRECTIVOS ESCOLARES, MEDIOCRIDAD E IA GENERATIVA
- José Navalpotro

- 25 may
- 4 Min. de lectura
No paro de escribir, trabajar y pensar sobre este tema. Como tampoco paro de leer y escuchar opiniones sobre la IAG y la dirección, por personas que jamás han dirigido un Colegio, ni liderado una Comunidad Educativa, más allá de sus aulas, e incluso muchos de ellos, ya están fuera de la realidad educativa desde hace algún tiempo.
Y sinceramente, la dirección escolar y la gestión, no han vuelto a ser lo mismo después de la pandemia. Los objetivos no son los mismos, las necesidades no son las mismas, y las exigencias a medio plazo, tampoco son las mismas. Los proyectos educativos se han renovado en un alto porcentaje, y eso obliga a cambios estratégicos y organizaciones mucho más dinámicas y aceleradas que las que hemos venido gestionando unos años atrás.
En el intrincado ecosistema de las instituciones educativas, los equipos directivos escolares operan en una delicada danza entre la necesidad de cohesión y el imperativo de la evolución. Todo el mundo manifiesta y pone encima de la mesa, la peligrosidad de este nuevo escenario educativo y tecnológico.
La búsqueda de armonía y la aceptación colectiva, si bien fomentan un ambiente de estabilidad emocional, a menudo enmascaran un peligro subyacente: la complacencia. Una complacencia que muchas veces lo que hace es encubrir la mediocridad.
Este letargo organizativo, esta resistencia al cambio disruptivo, se convierte en un obstáculo formidable ante la inminente ola de transformación impulsada por la Inteligencia Artificial Generativa (IAG).
Históricamente, los directivos escolares, al igual que en otros sectores, han tendido a gravitar hacia lo familiar, hacia las zonas de confort que ofrecen seguridad y predictibilidad. Esta aversión al riesgo, aunque comprensible en un entorno donde la estabilidad es valorada, puede sofocar la innovación y perpetuar un sistema educativo que lucha por mantenerse al día con las demandas de un mundo en rápida evolución. La IAG, sin embargo, no permite la inercia. Su llegada exige una reevaluación fundamental de cada aspecto de la educación, desde la pedagogía hasta la gestión institucional, y esto requiere un nuevo paradigma de liderazgo.
LA NECESIDAD DE LA AUDACIA INTELECTUAL
Imaginemos un equipo directivo escolar que desafía activamente las limitaciones del pensamiento convencional. Un colectivo de visionarios que no solo acogen la IAG, sino que la integran estratégicamente en el tejido mismo de la escuela, desde la concepción del currículo hasta la experiencia del estudiante.
En este escenario, la experimentación rigurosa y la exploración audaz se convierten en los principios rectores.

Cada miembro del equipo se transforma en un "arquitecto del futuro", diseñando experiencias de aprendizaje profundamente personalizadas impulsadas por la IAG, implementando sistemas de gestión predictiva de datos que anticipan las necesidades individuales de los estudiantes y liderando la creación de entornos de aprendizaje inmersivos e interactivos que aprovechan el poder de la IA para fomentar la creatividad y la colaboración.
Este liderazgo transformador no rehúye el fracaso; lo abraza como una parte esencial del proceso de innovación. Reconoce que el camino hacia la excelencia educativa está pavimentado con intentos, errores y aprendizajes iterativos. En lugar de proteger celosamente los "círculos de confort" que defienden la sacrosanta tradición del "siempre se ha hecho así", estos equipos cultivan activamente redes de colaboración dinámicas y abiertas, donde las ideas fluyen libremente, las tecnologías emergentes se exploran sin temor y el statu quo educativo se cuestiona implacablemente. Entienden que la verdadera seguridad no reside en el control rígido y la adherencia a las normas, sino en la agilidad organizacional, la capacidad de adaptación permanente y la voluntad de abrazar la incertidumbre.
LA IAG COMO CATALIZADOR DE LA REINVERSIÓN EDUCATIVA
El desafío de la complacencia exige un compromiso inquebrantable con la disrupción constructiva. La integración de la IAG trasciende con creces la mera automatización de tareas administrativas o la adición superficial de herramientas tecnológicas al aula. Implica una reevaluación radical de la esencia misma de la enseñanza, la evaluación y el aprendizaje.
Requiere que trascendamos la visión limitada del presente y nos aventuremos con valentía en territorios educativos inexplorados, donde estudiantes y educadores se embarcan juntos en un emocionante viaje de descubrimiento, revelando posibilidades que antes parecían relegadas al ámbito de la imaginación.
Pensemos en equipos directivos escolares que funcionan como laboratorios vivos de innovación pedagógica, como centros de experimentación donde cada decisión relacionada con la IAG se toma con audacia intelectual, una profunda curiosidad y una pasión genuina por el aprendizaje transformador. Un liderazgo verdaderamente visionario no se contenta con seguir pasivamente las tendencias; las anticipa activamente, las cuestiona de manera crítica y las redefine con propósito, moldeando el futuro de la educación con intención y sabiduría.
UN LLAMAMIENTO A LA ACCIÓN Y A LA TRANSFORMACIÓN
Ha llegado el momento crucial para que los líderes escolares demuestren el coraje de construir escuelas verdaderamente revolucionarias, instituciones donde la IAG no solo nos mantenga al día con el progreso tecnológico, sino que nos impulse a la vanguardia de la excelencia educativa global.
Es hora de dejar atrás las cadenas de la mediocridad y liderar con valentía hacia una educación audaz, disruptiva y profundamente inspiradora, una educación que prepare a los estudiantes no solo para navegar el mundo de hoy, sino para dar forma al mundo del mañana, un mundo que la IAG está remodelando a un ritmo vertiginoso.
Este es un llamamiento a la acción, a una transformación profunda y sistémica. Es una invitación a que los equipos directivos escolares dejen de ser administradores del presente y se conviertan en arquitectos del futuro, en catalizadores del cambio que desbloquean todo el potencial de la IAG para crear una experiencia educativa más equitativa, relevante y transformadora para cada estudiante.
"Todos caminamos hacia el anonimato, solo que los mediocres llegan un poco antes" ( JL Borges )
Nos vemos en las redes¡¡¡










Gracias José, cada artículo me hace pensar y posicionarme en tiempo y espacio, reflexionar sobre lo que es mejor para el alumnado, para qué lo estamos acompañando, preparando?
Entender las demandas tanto del mundo como de los padres, escuchar a los expertos en ciencia, tecnología, educación pero sobre todo con una visión del bien ser de todos aquellos niños que tenemos a cargo y somos corresponsables en su formación.
Esto sin lugar a dudas, es un trabajo en equipo con mi plantilla de directores y subdirectores, el liderazgo transformador (audaz ) es y debe ser la brújula que nos guíe.
Silvia Sieck
Los Cabos
México